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Por: Esmarlin Fernández – Santo Domingo.— Para algunos son una herramienta de trabajo; para otros, la alternativa más práctica para enfrentar el tránsito y llegar diariamente a sus empleos. Pero, aunque las motocicletas forman parte de la rutina de millones de dominicanos, quienes las conducen aseguran que hacerlo implica enfrentarse a riesgos, sol, calor, tapones, inseguridad y, en ocasiones, conflictos con otros conductores.
La presencia de estos vehículos no es solo una percepción. De acuerdo con el Informe del Parque Vehicular 2025 de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), las motocicletas representaban el 57.9 % de todos los vehículos registrados en el país, al cierre de 2025, con 3,846,694 unidades de un parque vehicular total de 6,640,871.
Además, durante ese año las motocicletas concentraron el 70.4 % de los vehículos de nuevo ingreso al registro dominicano, con 314,727 unidades. Esto significa que su peso no solo se mantiene dentro del parque vehicular existente, sino que también fue el tipo de vehículo que más predominó entre los que ingresaron al registro durante 2025.
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“La sociedad se queja, pero lo necesita”
Detrás de esas cifras hay trabajadores que utilizan las motocicletas como su principal herramienta para generar ingresos o desplazarse diariamente y este es el caso de Wilkin Sánchez, quien utiliza la motocicleta para trabajar.
“El motorista es un mal necesario, la sociedad se queja, pero lo necesita”, afirmó.
A su juicio, la rapidez con la que pueden desplazarse las motocicletas ha hecho que se conviertan en una pieza habitual para realizar entregas y diligencias, especialmente en una ciudad donde el tránsito puede convertir un recorrido de minutos en largos períodos de espera.
Para Jonas, motorista de PedidosYa, la elección de la motocicleta también está relacionada con la posibilidad de generar ingresos diariamente.
“Es un trabajo que me permite ver mis ganancias… es un trabajo que vamos a ver dinero diario”, explicó.
Su experiencia, sin embargo, también está marcada por las dificultades que encuentra en las calles. Entre ellas mencionó los controles de las autoridades y situaciones con otros conductores.

Trabajar entre tapones, calor y conductores imprudentes
Ricky Acosta también utiliza la motocicleta como una herramienta para mantenerse económicamente y reconoce que la situación en las calles puede ser complicada.
“Se pica un poquito, pero está un poco difícil la cosa en la calle”, comentó al referirse a la rentabilidad de su actividad.
A eso suma los conflictos cotidianos con otros usuarios de la vía. Según relató, algunos conductores llegan a discutir con los motoristas, lanzarles malas palabras o generar situaciones de tensión.
El calor también forma parte de las dificultades que enfrenta. Cuando se le preguntó qué cambiaría de la forma en que se conduce diariamente en el país, su respuesta fue directa: “El sol”, dijo entre risas, al referirse a las altas temperaturas que soportan mientras trabajan y se desplazan.
Pero para otros motoristas, el principal problema no está únicamente en las condiciones climáticas o económicas, sino en la convivencia con los demás conductores.
Joel Rosario señaló entre las dificultades que enfrenta diariamente “el riesgo que pasamos día tras día, la inseguridad y tratar de llevarnos bien con los usuarios”. También mencionó los tapones y a los conductores que, según su experiencia, no respetan a quienes se desplazan en motocicleta.
Una disputa por el espacio en las calles

La convivencia entre motocicletas y vehículos de cuatro ruedas aparece como uno de los principales puntos de tensión señalados por los entrevistados. Joel Rosario aseguró que cambiaría los vehículos de concho antiguos porque, según afirmó, algunos de sus conductores actúan como si “la calle es de ellos” y llegan a lanzar los vehículos hacia los motores.
Bruno de la Cruz, quien utiliza su motocicleta diariamente para trasladarse a su trabajo y no para ganarse la vida con ella, también describió la circulación en motocicleta como una experiencia de incertidumbre. A su juicio, no basta con considerar la moto un medio de transporte económico. La dificultad del tránsito hace que sea una opción más factible para desplazarse, pero la falta de protección ante un accidente aumenta la sensación de riesgo.
“Es una especie de lotería porque hay poca protección y la imprudencia en los demás conductores es bastante notable”, sostuvo.
Entre los principales problemas que identifica mencionó precisamente la imprudencia de otros conductores y la inseguridad.
Por eso, su propuesta va más allá de pedir mayor respeto entre los usuarios: plantea que se habiliten espacios específicos para la circulación de motocicletas, de manera similar a los existentes para bicicletas.
Una mayoría que sigue creciendo

Las experiencias recogidas en las calles ocurren dentro de un parque vehicular donde las motocicletas tienen un peso predominante. Los datos de la DGII muestran que, de los 446,819 vehículos de nuevo ingreso registrados en 2025, 314,727 fueron motocicletas, equivalentes al 70.4 % del total.
La categoría también experimentó un crecimiento de 25.2 % respecto a los nuevos ingresos de motocicletas registrados en 2024, mientras que los automóviles de nuevo ingreso disminuyeron 15.1 %.
Así, mientras las estadísticas muestran el crecimiento y predominio de las motocicletas, las voces de quienes las conducen revelan las razones económicas y las prácticas que explican su uso, así también como los riesgos y conflictos que enfrentan diariamente.
Para Wilkin Sánchez, esa contradicción es precisamente la que define el papel de estos vehículos en las calles dominicanas: son cuestionados por una parte de la sociedad, pero al mismo tiempo son requeridos para movilizar personas, productos y servicios con rapidez.
Y mientras las motocicletas continúen representando más de la mitad del parque vehicular dominicano y la mayor proporción de los nuevos ingresos, la discusión sobre cómo comparten las calles con los demás usuarios seguirá estando presente.
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